Ejercí la abogacía durante años, construí la primera app que puso la alerta sísmica de la Ciudad de México en los teléfonos allá por 2012, y pasé los años intermedios llevando la transformación digital a despachos jurídicos. Hoy dirijo Strange Days Tech y estoy construyendo StrayMark — gobernanza y rendición de cuentas para la ingeniería asistida por IA.
Título de derecho, estudios de ingeniería en sistemas y una vieja sospecha de que los problemas interesantes viven entre ambos. Aquí escribo sobre construirlo — decisiones, fricciones, hallazgos.
ahora → desarrollando StrayMark · ensayos abajo, sin cadencia fija
Una respuesta en Hacker News sostenía que los mejores programadores humanos jamás cometerían los errores que comete la IA. Construimos una disciplina entera —code review, linters, postmortems— sobre la premisa de que sí los cometen. Sobre la asimetría del escrutinio, y el programador que nunca fuimos.
La industria vende la IA por lo poco que te necesita. A mí me parece que está al revés. El humano en el circuito nunca fue la ineficiencia que tantas ganas tenemos de eliminar: era el cimiento de la confianza.
Un sismo de 7.5, un hermano mirando el cielo con calma y una sola pregunta: ¿por qué esta alerta no puede llegar a un teléfono? Cómo terminé operando el envío de push para medio millón de personas, y lo que eso me enseñó.
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